ESTUDIAR TEATRO EN LA EDUCACIÓN

 En Border Bites
…O UNA JOVEN BELGA EN LA UNIVERSIDAD DE LAS ARTES DE UTRECHT

Una escuela. En Holanda. Porque los estudios que elegí no existían en mi propio país, Bélgica. Teatro en la Educación, para ser profesora de teatro. Siempre tuve pasión por el teatro, pero no solo por el medio en sí mismo, sino también por su transmisión. Un curso regular de actuación o de dirección como los que hay en mi país no tenían nada que ver con lo que yo quería. En Holanda hay siete escuelas oficiales de teatro que ofrecen esta formación, con todas sus asignaturas propias. Elegí Utrecht, la cual me prometía un enfoque físico del teatro aplicado. Sentía curiosidad.

Ya en la segunda semana de clase me di cuenta de algunas cosas: su aproximación práctica al teatro y una fuerte cultura de feedback. El primer año consistía en cinco líneas básicas: movimiento, juego dramático, creación teatral, enseñanza e investigación. Había algunas clases teóricas, pero la mayor parte del tiempo yo andaba con mi chándal de un lado para otro, asistiendo como oyente a cursos de teatro para no profesionales o a talleres que ya estaban en curso o a obras de teatro. En la escuela confiaban en nosotros, aunque fuéramos alumnos de primero. Tenía el espacio para experimentar y jugar sin miedo al error, gracias a esta confianza. Durante las clases, los compañeros te daban sus feedbacks y existía un sistema de autoevaluación. Lo cual me dio las herramientas para aprender a mirarme de una forma objetiva tanto a mí como a los demás y empezar a poner palabras específicas sobre lo que sentía y veía.

Border Bites Noëmi DegrauweEl segundo y el tercer año estuvieron menos centrados en el desarrollo de herramientas para el estudiante y más en construir un puente entre los propios intereses y la experiencia de trabajar con no profesionales. Desde ese momento se demandaba una fuerte independencia del estudiante. Nadie en la clase seguía el mismo camino, nosotros trabajábamos en nuestras propias islas. Yo realicé durante un año unas prácticas en dos institutos donde los estudiantes estaban obligados  a seguir el curso de teatro como desarrollo creativo, social y emocional. El teatro no como un objetivo, sino como un método. Fue difícil. Me tuve que enfrentar a clases de 30 estudiantes en plena pubertad, donde la mayoría de ellos no tenían mucha motivación para seguir el curso. Tuve que volverme creativa a la hora de manejar la clase y tuve que buscar mis propios métodos para comunicar mi pasión.  Todavía recuerdo la satisfacción cuando mis estudiantes después de  algunos meses, finalmente empezaron a jugar con placer. Cuando su imaginación empezó a vivir y sus cuerpos empezaron a hablar.

Junto con estas prácticas en educación continuamos con el desarrollo de nuestra propia firma como creadores de teatro, combinando la investigación teórica teatral y el desarrollo de talleres o espectáculos para organizaciones externas. Estos proyectos eran muy importantes. Nosotros trabajábamos casi siempre interdisciplinariamente con otros campos del teatro como escritores o diseñadores, pero también con estudiantes de artes visuales o de música.  Este trabajo estaba siempre organizado de una manera horizontal sin jerarquía. Aprendí a analizar los procesos de grupo y cómo enfrentar los problemas que derivan de este tipo de trabajo. Estos proyectos interdisciplinares fueron los más horribles y los más bonitos que hice durante mi educación.  Algunas veces, de repente, estábamos juntos y nos enriquecíamos unos a otros de tal manera que juntos trabajámos mejor que siendo la suma de cada individuo. Algunas veces, esto no ocurría.

El verano, entre el tercer y el cuarto año, tuvimos que realizar unas prácticas internacionales de al menos 3 meses. Mis compañeros y yo volamos por todo el mundo para explorar el campo del teatro y la educación. Yo participé en el Congreso de Young Idea en París y estuve en dos organizaciones sociales artísticas. Inspirada, volví a casa con una maleta llena de experiencias.

El último año de mi educación se completó centrándonos en los intereses de cada estudiante y en cómo comunicar sus visiones al mundo.  Éramos libres de elegir donde hacer las prácticas, teníamos que hacer nuestra propia obra escénica y escribir una tesis. Estos tres elementos tenían que estar conectados por una línea coherente. Durante los años anteriores, nació mi pasión por trabajar con niños para un público adulto. Así que fue evidente elegirlos como tema para mi trabajo de graduación.

El hecho de ser independientes y la investigación personal de cada estudiante sobre lo que quería, hizo que  todos mis compañeros de clase hicieran trabajos muy diferentes.  Una obra con refugiados ilegales, un espectáculo site specific, una tragedia griega… la diversidad era nuestra asignatura.  Todos nos convertimos en personalidades muy fuertes que conocían sus posibilidades y a donde no queríamos ir. Creo que lo más importante que me ha dado este tipo de educación fue el hacerme consciente de mis propias fortalezas, debilidades y el desarrollo de mis propios métodos para lograr un trabajo artístico.

 


Noëmi DegrauweNoëmi Degrauwe
se graduó en 2014 en la Licenciatura de Teatro en la Educación en la Universidad de las Artes de Utrecht (HKU). Actualmente trabaja como profesora y performer en Bruselas.
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