LA PANADERÍA EN USERA

 En La Panadería
…o estamos hechos de música

Sinopsis del Proyecto:

Dos clases de secundaria, dos cursos, 54 personas. De 1º a 4º de secundaria, como si pudiésemos leer en ellos cómo te transformas en cuatro años de instituto.

El IES Pradolongo vuelve a ser compañero en este viaje gracias a Cristina Gutiérrez, su súper profe de música (no lo digo yo, lo dicen sus alumnos), y a Trini y Jaime,  que nos abren las puertas de sus sesiones para que entremos a abrir ventanas con el Teatro Aplicado como herramienta. La Fundación Carasso y al Ministerio de Cultura hacen posible esta aventura de La Panadería, en la que Cris y yo buscamos promover la autoestima individual y del grupo a través de la puesta en valor de sus biografías personales.

Y para ello, como la cabra tira al monte, vamos a partir de la sal de nuestra vida: la música. ¿Cómo se relaciona la música con la construcción de la identidad personal en la adolescencia? ¿Cómo puede la música ayudarme a encontrarme mejor, y a conectar con personas a las que no conozco, (aunque sean mis compañeros horas y horas cada día)?

Proponemos desenterrar momentos, imágenes y deseos, a través de la escucha y la puesta en común de la banda sonora de nuestras vidas.

Confiamos en la música y el cuerpo para derretir los miedos, para crear conexiones entre personas alejadas, para conocerse mejor. Y metemos las manos en la masa para crear un espacio donde ser auténtico, ser vulnerable, sean los ingredientes estrella. Es difícil, y por eso es estimulante y necesario.

¿Escucháis cómo crujen las cortezas?

El horno está encendido.

Metidos en harinas:

Nacho Bilbao, director musical y arteducador de la Escuela Cross

Cristina Gutiérrezprofesora de Educación Secundaria, Licenciada en Historia del Arte y en Musicología, a veces maga, siempre aprendiz.

PRIMERA SESIÓN

NACHO: Son las ocho y diez de la mañana, hace frío, estamos todos medio dormidos.  

Entramos en la clase, todo el grupo está sentado, y siento que Cris y yo somos una especie de animal extraño o de vendedores de aspiradoras a domicilio.

CRIS: Estar y no ser:  una sensación extraña que mi cuerpo identifica como si un virus desconcertado recorriera mi piel. Yo también tengo sueño, como todos los días cuando suena el primer timbre de la mañana.

NACHO: Aparecen voces cantantes y se echan de menos otras voces silenciosas (o silenciadas). Escuchamos música, y escuchamos de verdad. De repente Cris y yo estamos contándole a estos completos desconocidos cosas de nuestra vida, un concierto con su hermana del alma, yo el entierro lluvioso de mi abuelo. Me emociono al contarlo y no sé si lo que siento es un abismo o un abrazo imaginario.

CRIS: Jugamos para romper las barreras que establece el aula. Y en un minuto me escapo y pienso : El aula como lugar y como artefacto.  Pienso en cómo afectan en los afectos las barreras físicas, y todas las que permanecen ocultas. Pienso en los colores que veo y en los dispositivos para organizar ratio por metro cuadrado jerarquizados. En las persianas colonizando ventanas para ver  pantallas aunque estén apagadas. Y en las filas de mesas. Y en el estar delante o estar detrás… 

Vuelvo. Al principio no se quieren levantar de las sillas, pero diez segundos más tarde ya no quieren dejar de jugar. Y de repente, Nacho y yo estamos buceando en nuestros recuerdos y los compartimos y suenan.

NACHO: Y zas, ya se ha acabado la sesión. Suena el timbre, desaparecen. Qué difícil, qué complejo. Estamos en el lugar y en el momento indicado.

CRIS: El virus está más desorientado, ya no sabe si lucha contra o a favor de mi cuerpo. Alguien jugando se atreve y habla del miedo y de la soledad y mi estómago recuerda  otros momentos compartidos en el aula de música, momentos que construyen mi biografía, mi ser y estar.

NACHO: ¿Hay alguna música que te recuerde a un momento que hayas disfrutado en grupo? ¿Cómo era el momento? ¿Qué música es?

CRIS: ¿Hay algún momento compartido con tus amigos, tus enemigos, tu familia, tus mascotas, tus plantas…que recuerdes sin música? ¿Sin sonidos? …y ¿qué es la música?

SEGUNDA SESIÓN

NACHO: Hoy será el grupo quien nos cuente sus momentos y sus músicas.

Llegamos a clase, hay quien se acuerda de nosotras, hay quien no. Me hace pensar en qué significa una hora en la rutina de un alumno en un insti ¿Cuánto tiempo hace falta para construir memoria?

CRIS: Tiempo en música: cada una de las partes de igual duración en que se divide el compás, y además, dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia, los cuerpos, nosotros. Tiempo en el instituto: Un segundo, cincuenta minutos sin moverte de la silla, séptima hora, una semana de exámenes, veinte minutos en la cancha, diez minutos de ha faltado un profesor, unos segundos de no quiero salir a la pizarra, una hora en blanco de ser y no estar, un momento de esto me está gustando.

NACHO: Muchas personas escriben sus momentos, eligen sus músicas. Se ven destellos de ternura y vulnerabilidad, por momentos. Aparecen abuelos y abuelas, familias, viajes en coche, partidas nocturnas de Fortnite.

CRIS: Expectativas. Trampas para el desasosiego. No han hecho los deberes, quizá porque aún pensaban que eran deberes, quizá no supimos contar que esto es un regalo para nosotros y para ellos. Reconducimos invitando a regalarse ese momento para pensar y sentimos sonrisas, dudas, ojos que huyen, voces que insisten, cuerpos discretos-delicados-ausentes _todos los que están y apenas pueden ser.

NACHO: Hay personas solas que no comparten con nadie; hay grupitos que no se rompen, ni se abren; si me pongo las gafas cebra (las que se fijan en las diferencias entre la blanquitud y la no-blanquitud), veo segregación, quizás inocente, o no, veo exclusión cultural y colorismo. Las clases de instituto no mienten.

CRIS: Tengo miedo, presiento que hay más dolor del que se respira.

NACHO: Recopilamos los momentos y las músicas, y nos marchamos, con la sensación de haber removido cosas escondidas, y haber hecho visibles algunos velos sutiles.

CRIS: Menos mal que nos queda la música.

TERCERA SESIÓN

NACHO: Dos grupos, dos realidades. Con uno bailamos (aunque ellos no bailan casi, la vergüenza es demasiado pesada), con otro hacemos silencio para pensar en libertad.

CRIS: Dos grupos, dos mundos. Con uno queremos bailar pero ellos andan en círculos, (Y pienso no solo  en la vergüenza, sino en la falta de costumbre. ¿Por qué no se invierte tiempo para crear vínculos y afectos con las personas que forman los grupos en la escuela?  Con el otro grupo me siento insegura y culpable. Sé que algo no va bien y no nos atrevemos a bailar. Hay que dinamitar al grupo y recuperar al individuo.

NACHO: Hay grietas en los muros. Aitana rompe el hielo y nos cuenta su historia. La siguen chicos auténticos y vulnerables, subidos encima de la mesa. Hay muros infranqueables. Personas que, por no exponerse, no quieren ni escribir nada personal en una hoja en blanco.

CRIS: Aparecen. Se hacen visibles. Se atreven. Se sienten bien. Aparece una valiente silenciosa y habla. Aparece un valiente discreto y cuenta sin subirse a la mesa que esa canción le daba fuerza… Yo trago saliva mientras aplaudimos, y recuerdo el momento en que conozco la historia escrita en un papel hace dos semanas. No habíamos pensado en momentos colectivos de sufrimiento pero la música también nos los ha traído. Momentos obscuros, crueles, obsesivos, con heridas lentas y cicatrices profundas. (Yo algunos también tengo, aunque elegí para compartir otros que me incomodaban menos, fui mucho menos valiente que ellos.)

NACHO: ¿Cómo crear espacios de seguridad en el instituto? ¿Cómo vencer el miedo y la vergüenza? ¿Cómo crear un espacio (pequeño) de libertad?

CRIS: ¿Cómo enseñar a vencer el miedo?  o ¿Por qué no compartir nuestros propios miedos para aprender juntas? Me arriesgo. Cada vez admiro más a Nacho. Me cuesta enlazar las frases.  Ser vulnerable es la (mi) única forma de ser. Esconderse es una forma de estar. ¿Por qué necesitamos escondernos en un espacio educativo? ¿Qué estamos enseñando?

CUARTA SESIÓN

NACHO: En el patio, hace frío, están dormidos, despertamos el cuerpo presentándonos.

Se van soltando poco a poco. Se oyen por fin las voces y se ven las expresiones de personas que estaban en silencio.

CRIS: Pienso en todas las veces que hay algo que no funciona en una aula y no depende ni del interés, ni del talento, ni del cansancio de los alumnos. Ni tampoco de la formación  y responsabilidad de los profesorxs. Hoy no suena mi altavoz y hace frío y sueño. Me lo he traído de casa, como tanta gente que hace de sus cosas parte de la escuela pública.

NACHO: Entramos en el pulso, casi casi, pasando una palmada. Retar lo cognitivo suele funcionar para que aparezca la atención, el ingrediente mágico. Nos ponemos en grupos, se desactivan los hábitos. Por fin hay diálogo. ¡Diálogo!

CRIS: Sentir el pulso es quizá la primera actividad que verdaderamente hacemos juntos. Todos somos igual de importantes. Es sin duda el momento de desactivar los grupos. Hoy los que lideran son otrxs.

NACHO: ¡Las coreos entran en el compás! ¡Las hacen todos a la vez! ¡Diálogo! ¡Escucha!

CRIS: Escuchar. Escucharnos y mirarnos. Descubrirnos. Traducir palabras con movimientos. Compartir. Juntos. ¿Bailas?

NACHO: Otro grupo, otra energía. El respeto no está en el menú. Nos hacemos hueco.

Jugamos a la Hipnosis de Boal, y Tatiana no quiere jugar. Hablo con ella, y habla de que el juego se parece a la presión del grupo. Eso mismo dicen todos los demás después. Un chico habla del poder de los profes. Hay mucho silencio. Demasiado.

CRIS: Ejercer el poder que algunos cuerpos masculinos no se cansan de mostrar se aprende. A la mínima ocasión, ahí están. Mostrando su fuerza. Son más grandes. Ocupan el espacio envalentonándose, son muchos más. Te empujo porque yo soy más. Y tú ¿quién eres?

NACHO: Escribimos, de nuevo. Otra vez hablo con personas con las que no había hablado. Pequeñas victorias. Diálogo. Una chica me propone mejoras. ¡Propuestas! Hoy más personas dejan lo que han escrito, una forma de hacerlo público, de compartir. Leo y, como siempre, me maravillo ante los mundos interiores, tan cercanos, tan escondidos. ¡Diálogo!

CRIS: Escribir es otra forma de estar. Estar lejos de todos los desconocidos con los que comparten seis horas cada día, cada semana. Estar cerca de lo que son, de lo que se atreven a soñar ser, de lo que sienten.

QUINTA SESIÓN

NACHO: Hoy nos quedamos con los que NO se van de excursión. 6 personas. Montamos las coreos ideadas la clase anterior, esta vez ejecutadas por todo el grupo. El cuerpo cambia las jerarquías. El aire se mueve, hay más oxígeno, moverse sienta bien. Volvemos a oír voces que no habíamos oído. Bien.

CRIS: ¿Por qué no vamos todos de excursión? No quieren, no pueden, es mejor que no vayan…

Aquí bailamos todxs. Nuestra apuesta siempre es que todos puedan y que todos quieran querer hacer aunque no siempre lo consigamos. Las coreos traducen palabras de historias que cuentan recuerdos con una canción. No importa si no nos sale perfecto. Nos encanta cuando nos equivocamos en la secuencia, pero no nos podemos parar. Cambio de tempo. Risas y más risas.

NACHO: Con los mayores, jugar a los números nos trae por un momento una sensación de unión, de escucha y de alegría. Es un momento corto, pero es importante. Leemos textos de algunos de ellos, en público. Un aplauso sienta bien. Volvemos a escribir, algunas nuevas voces se animan. Una persona muy callada nos lo entrega. Bien. La hoja en blanco abre grietas en la inmovilidad.

CRIS: Contar juntos. Hacer algo que parece una tontería pero que es un reto que no son capaces de conseguir les motiva a volver a intentarlo. No necesitamos a los de siempre. Necesitamos al grupo escuchando. Y sí, necesitan su tiempo pero lo consiguen. Se sienten bien con este logro colectivo. Pienso, que quizá piensen, aunque no lo hagan en este momento, en cómo se han sentido durante los procesos aunque no respondan a nuestras preguntas. Pienso en las mayorías, en las minorías, en lo difícil que resulta poder estar cuando no formas parte del sistema dominante. La sociedad legitima patrones de comportamiento que ya se muestran en un aula de secundaria.

SEXTA SESIÓN

El cuerpo, bailar, vuelve a darle la vuelta a la clase. Hay energía, hay compromiso colectivo, y de nuevo las personas que tenían menos presencia toman la delantera y guían al grupo.

La música y el baile nos lo han puesto fácil.

Con los mayores, seguimos escribiendo. Hoy hacemos el “Yo soy de”. Mucha gente que no había cogido el boli, escribe su poema. Pero a la hora de leer, lo habitual. Nadie quiere exponerse. Una chica lee el poema de su compañera de mesa, ella se pone demasiado nerviosa leyendo en público. Se atreven a mostrarlo. Les pregunto a los chicos: ¿creéis que los chicos de esta clase tenéis miedo a expresar vuestros sentimientos? Respuestas tibias, inseguras. Algún sí, algún no… Tengo la sensación de que les dejo pensando.

SÉPTIMA SESIÓN

NACHO: Fiesta, Fiesta, Fiesta a las 8.10 de la mañana. Antifaces, boas de plumas, tutús y gafas de flores. Música a todo volumen, luces de colores. Se transforma el aula. A bailar

CRIS: ¿Qué pasa cuando nos ponemos un antifaz? ¿Qué pasa cuando el aula se disfraza de fiesta? ¿Qué deberíamos hacer para conseguir que  nos sintiéramos en la escuela como en una fiesta?

NACHO: Odaliz me dice que ella cree que este proyecto ha ido sobre liberarnos. Que aunque no sepas bailar, o hacer algo, que lo hagas de todas formas, que disfrutes y te liberes.

NACHO: En 4º hoy metemos el cuerpo. A partir de frases célebres sobre el miedo y la libertad, imaginamos historias y las convertimos en imágenes. La ficción es un lugar seguro, y es reveladora.

CRIS: Hoy es un día extraño. Algunos no están porque tienen un privilegio añadido. (otro) Pero trabajamos con más de veinte alumnos y dos alumnas  que se identifican con una frase sobre el miedo. La dinámica hace que sin tenerlo previsto se desactiven los restos de los grupos. Cuerpos pensando y otros disimulando. No somos peores ni mejores por tener miedo. Dudas.

 

OCTAVA SESIÓN

NACHO: 1º de ESO. Después de la Fiesta el grupo nos mira y se mira diferente. Escriben sus Yo Soy De. Da vergüenza compartir, dos chicos hacen un pacto de unión:  “Si tú lo lees yo lo leo”. Los dos leen. Terminamos el proceso de trabajo con el grupo, nos vamos a echar de menos mutuamente.

CRIS: 1º de ESO. Hoy tengo la sensación de que seguimos bailando. No hay música pero nuestras miradas se buscan y se encuentran con sonrisas que  brillan mucho más que el sueño. Proponemos escribir y da pereza pero muy rápido se implican. No tenemos mucho tiempo y casi siempre los tempos importan. Da vergüenza compartir quiénes son. Creo que si hubiéramos tenido veinte minutos extra se hubieran atrevido algunos más. Emocionante recordar cómo a veces tener cómplices nos ayuda a vencer los miedos. Abrazos de los que dejan nudo en la garganta y lagrimilla disimulando.

NACHO: 4º de ESO. Por cuestiones organizativas, hoy la sesión es en otro espacio al habitual, y varios alumnos no pueden venir. Complicado cerrar un proceso si falta gente y no estamos en casa. El grupo se sienta en grupúsculos muy separados unos de otros. Hay tensión, de la mala. Ocho horas no son suficientes para entrar en esta mini jungla. Nos vamos con la sensación de habernos enfrentado a la mayoría, y haber creado un pequeño oasis para una minoría. ¿Cómo promover la autenticidad y la vulnerabilidad en el aula, cuando el grupo no se trata bien? Por eso hacemos La Panadería. Para aprender con los pies en la tierra.

CRIS: 4º de ESO. El espacio importa siempre. Pero sobre todo importa cuando imposibilita el entendimiento : la reverberación de los murmullos se apodera de un espacio imposible, hostil que me invita a marcharme. Incómodo. Cruel. Se hacen evidentes los grupos dentro del grupo, nos dan la espalda, se dan la espalda, hacen gracias sin ninguna gracia. Su actitud nos hace invisibles. Decepción. ¿Cómo enfrentarnos a lo que no funciona, a no poder resolver ? ¿Qué riesgos implica aterrizar temporalmente y no tener tiempo ni herramientas para acompañar procesos más complejos? Tengo la sensación de que lo realmente importante, este grupo que acaba la educación secundaria este año, no lo ha aprendido y-o no hemos sabido enseñarlo.

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