Me resulta curioso comprobar cómo una simple conversación puede desencadenar  una serie de acontecimientos imprevistos y cómo estos influyen en la vida de las personas.

En mi caso es Lucía (Miranda) la que inició el proceso. Un comentario suyo en la primavera de 2016, acerca de uno de sus proyectos, para el que necesitaba entrevistar a diferentes tipos de personas hizo que yo, profesor y persona totalmente ajena al mundo del teatro, me ofreciera a echar una mano en su proyecto.

A partir de este momento me veo inmerso en una frenética actividad no programada y acelerada por el poco tiempo disponible por estar a finales del curso escolar: solicitar permisos a la dirección del Instituto, preparar espacios para entrevistas, buscar alumnos y alumnas, padres o madres, profesores, conserjes que estuvieran dispuestos a contar su vida a una desconocida, que además les va a grabar y que con lo que dijeran iba a montar un obra de teatro. Y participaron, y se dejaron grabar. Y hubo Fiesta…

En este proceso destaco cuatro momentos que me resultaron muy emotivos:

Uno, el día que leí el borrador de la obra, donde descubro a mis alumnos, a mis compañeros de trabajo y a mí mismo convertidos en personajes de teatro. Me parecía imposible que de unas entrevistas pudiera salir todo aquello.

Otro, el día de la lectura de la obra que algunos de los actores hicieron en el instituto. Entré con miedo por si a mis compañeros no les gustaba el resultado. Pero el miedo dio paso a la emoción a medida que avanzaba la dramatización y veía la cara de sorpresa de mis compis.

Otro más, el día del ensayo a puerta cerrada donde yo no lograba concentrarme en la obra en sí, sino en los personajes, pues iba reconociendo en cada actor a mis alumnos y compañeros. Al conocer a las personas reales, me resultó muy impactante la forma en que los actores se meten en la piel de los personajes y son capaces de reproducir sus palabras, su forma de hablar y sus gestos.

Y por último, el día del estreno. Primero, los nervios que iban en aumento a medida que nos juntábamos los profes y compis que nos habíamos desplazado hasta Valladolid. Tenía la sensación de ser yo el que estrenaba obra. Más tarde, la emoción al comprobar el fantástico resultado del proyecto de Lucía y el Cross Border.

Nunca imaginé que una sencilla conversación de sobremesa pudiera llevarme a disfrutar de unas emociones tan intensas.

G.
Profesor de un Instituto de Secundaria.
En el Cross Border G. es el personaje de Antonio en Fiesta, Fiesta, Fiesta. Mantenemos su anonimato.

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