Investigaba yo cómo integrar teatro y educación cuando Lucía (Miranda) hizo “¡Cross!» y apareció a mi lado: “pues deja de buscar, es esto”. Con esta contundencia arrancaban los ensayos de “Las chicas no fuman igual”, nuestro montaje final en Cuarta Pared. Las chicas fumaban y yo flipaba: con Lucía, con el Teatro Foro y con los superpoderes del Teatro Aplicado para visibilizar lo que el mundo oprime por sistema. ¿Pero qué brujería era esta?

Así quedé en órbita Cross, que ha sido el telón de fondo de mis últimos cinco años: “Las chicas…”, el apoyo infinito con mi Máster en Teatro Aplicado (CSSD, Londres) y mi posterior incorporación al equipo como arteducadora, empezando por Fábrica de Harinas, un viejo sitio, como diría la Vargas, donde yo ya había amado la vida como participante.

Algo como el Cross, en España, requiere soñar muy fuerte. Soñar con un País Sin Miedo a que las artes y las personas contemos, sin miedo al corazón, esa patata que hace pom-pom-pom, y a que entre pom y pom vayamos creando una sociedad más abierta, compasiva e inclusiva.

Bárbara Nita Espina
Arte-educadora.
En el Cross Border trabaja en Fábrica de Harinas, Panadería, Mundo Quinta

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