THE PEACE POETS DESDE NUEVA YORK

 En Border Bites
… O JÓVENES A RITMO DE HIP HOP Y TEATRO DEL OPRIMIDO

En 2011, como miembro de The Peace Poets (‘Los Poetas de la Paz’), trabajé en Oakland (California) con la asociación BAY-Peace (Better Alternatives for Youth, ‘alternativas mejores para los jóvenes’). Mi labor como responsable educador consistía en entrenar a siete estudiantes, que formaban nuestro Youth Action Team o ‘equipo de acción joven’, en nuestro plan de estudios, Instruments of Peace (‘Instrumentos de la Paz’) que habíamos escrito entre ellos, Susan Quinlan (la coordinadora de esta iniciativa) y yo; y en el proyecto de escritura y puesta en escena Lyrical Circle West (‘círculo lírico de la Costa Oeste’).

Instruments of Peace:

El programa combinaba Hip Hop, Teatro del Oprimido y contenido antimilitaristas para transmitir a estos jóvenes cómo educar a otros jóvenes en alternativas al servicio militar.

Tras acabar mi Máster de Teatro y Educación en la Universidad de Nueva York en 2010, empecé a darle vueltas a la idea de transmitir a los chavales las cosas más importantes que aprendí en un formato intensivo condensado de cuatro meses en lugar de dos años sin que tuvieran que endeudarse con el pago de las tasas académicas (yo tengo una deuda de ciento treinta mil dólares por mis estudios de grado y posgrado). Esto fue el germen del programa de Instruments of Peace (‘Instrumentos de la paz’).
MitadTexto-Peace-PoetsEn primer lugar, tenía que confiar en algo en lo cual no se invierte ni en este país, Estados Unidos, ni en la mayor parte del mundo: en que las ideas y la experiencia de los jóvenes son válidas e importantes y en su inteligencia y creatividad. En segundo lugar, he tenido que dejar a un lado mi ego de querer alabanza en el papel del profesor, con el deseo de estar al frente de las aulas, o querer ser el único poseedor de sabiduría listo para declarar mi opinión sobre todos y declarar quien está en lo cierto y quién no. Tenía que creer en que los jóvenes estaban más que capacitados para generar un espacio de confianza; moderar los debates, las actividades y los juegos, y fomentar la conversación y el diálogo entre sus compañeros y los extranjeros.

Diseñé la primera parte del currículum usando la cultura Hip Hop y el Teatro del Oprimido como herramientas para compartir y elaborar la información sobre el ejército y el militarismo. En ese momento se les proporcionaron contenidos y juntos investigamos en los significados que esos contenidos tienen en nuestra vida y nuestra experiencia. Este proceso no tiene nada que ver con la transferencia de conocimiento en el mundo académico, donde se exige a los jóvenes que aprendan hechos de memoria en lugar de pedirles que hagan un análisis crítico o que formulen sus propias opiniones. Durante cuatro meses, con la colaboración de artistas de la talla de HeadRush, la artivista Melinna Bobadilla, Pancho Ramos y La Casa de Paz, entre otros, les dimos herramientas a estos chicos para poder impartir talleres con jóvenes y adultos sobre creación teatral, beat box (‘caja de ritmos’), spoken word, rap… para que que la gente cante, baile y ponga en escena su arte.

Después del período inicial de dos clases semanales durante cuatro meses, los chavales tenían que divulgar en otro instituto lo que habían aprendido y tenían que impartir talleres en distintos acontecimientos de la comunidad. Al final resultó que mi fe en que estos chavales fueran capaces de digerir toda la información de mi Máster (reservado exclusivamente a las capas más altas de los que tienen títulos universitarios de reconocido prestigio), en su validez, su sabiduría, su inteligencia y su creatividad se conviritió en algo certero.

A lo largo de ese segundo período de cuatro meses en que los jóvenes de BAY-Peace compartieron sus conocimientos y su trabajo artístico con otros colectivos, fui testigo orgulloso de cómo uno de mis estudiantes de catorce años nos hizo llorar a sus profesores y a mí dando unos talleres impecables sobre la opresión a la que se enfrentan las mujeres, la comunidad LGTB, la desigualdad racial, etcétera. Nuestros chicos dieron unos talleres estupendos en institutos donde nadie los conocía, con adultos que les doblaban o les triplicaban en edad y conmovieron a los participantes del movimiento Occupy Oakland (‘Ocupa Oakland’) con su música, sus bailes y su poesía.

Considero que la formación académica no es lo único que denota inteligencia o validez. Todo lo contrario. Creo firmemente en la filosofía del “cada uno enseña a otro”, un diálogo que nos permite crecer, respetar y entender a los demás y que en última instancia hace posible la paz.

Lyrical Circle West:

La segunda parte de mi trabajo con BAY-Peace, que nos cargó de creatividad y nos unió aún más, fue la escritura y la puesta en escena del Lyrical Circle West. Lo coordiné como lo había aprendido de adolescente, cuando era miembro de Brotherhood/Sister Sol y formaba parte del proyecto de escritura Lyrical Circle (de ahí el nombre de ‘círculo lírico de la Costa Oeste’, porque yo soy del Bronx, en Nueva York, y ahora me he trasladado a la Bahía de San Francisco).

El Lyrical Circle nos proporcionaba un espacio de confianza en el que los jóvenes de Nueva York podíamos escribir poesía spoken Word y cantar rap, sin ninguna censura, y nos daba un lugar para expresar nuestros pensamientos, sentimientos, anhelos y experiencias más íntimos. La mayor parte de los integrantes de nuestro Lyrical Circle son ahora educadores, profesores, artistas internacionales y activistas sociales.

Intenté crear este mismo espacio en Lyrical Circle West, donde muchos de los chavales habían pasado por los mismas circunstancias en las que yo crecí: problemas con el alcohol, violencia doméstica, drogas, situaciones de pobreza…Eran de edades distintas, de diversas procedencias étnicas, de distintas religiones y con resultados muy distintos en el instituto, algunos con muy buenas notas y otros con dificultades.
Para mí es fundamental insistir en este punto, porque estos mismos chavales han sido capaces de acudir a una clase de adultos y fomentar algo que a los adultos les ha costado años aprender. La base está en reconocer la validez de estos jóvenes, sus historias, sus experiencias, su genialidad, y también la capacidad inherente que como colectivo tenemos para convertirnos en artistas y creadores. Hacen falta espíritu colaborativo, espacios para expresarnos con autenticidad y el deseo de escuchar a los demás, no solo a los adultos, y no solo a quienes manipulan el saber ni a quienes deciden qué está bien y qué no. Este es el tipo de experiencias que creo que vale la pena trabajar en todo el mundo: en clase, en las cárceles, en la universidad y con la comunidad.

 


 

Firma-Peace-Poets

Abraham Velazquez (A-B-E) es un performer, artista discográfico y beat boxer. Los Peace Poets son un colectivo de artistas que celebran y cuestionan la vida a través de la música y la poesía. «Nuestro arte puede hacerte viajar desde el Boogie Down hasta Berlín, de la frontera a la bodega. Originarios del Bronx, nuestro estilo persigue el lirismo, el ritmo y la autenticidad.»

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