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Hace casi 4 años, vino mi papá a visitarme a España por primera vez. Estábamos empezando el proceso de creación de Fiesta, Fiesta, Fiesta y lo colamos en un ensayo. Al terminar quería decir unas palabras a la compañía, aunque se emocionó tanto, que casi no pudo ni hablar, pero yo sabía que estaba feliz porque estaba conociendo, por fin, a mi familia teatral española, y le gustaba. De alguna manera entendía que el precio de la distancia valía la pena. El Cross es casa.

Hace 10 años Lucía (Miranda) estaba recién llegada a Madrid. Había estrenado su primer espectáculo en Nueva York, y como si eso fuera poco, quería estrenarlo también en España con el equipo original: elenco, mariachi e incluso con Fabricio el iluminador. Buscaba un actor mexicano en Madrid para el papel de Frondoso, me hizo una audición en el salón de la casa de su amiga. Ahí ya olía a que todo esto iba a ser un poco loco. Dos días después me llamó y me dijo: “Efra, haz las maletas que te vienes a ensayar a Valladolid a casa de mis padres”. Mi primer día siendo Cross fue un accidente de coche, dos vueltas de campana con parte del elenco que acababa de conocer hacía una hora, pero esa es otra historia. Mi habitación era la habitación de Lucía, todavía con sus cosas de niña, me acuerdo de una foto de ella vestida de Pippi Longstocking. El Cross para mí, tiene 3 cosas importantes en Valladolid: la bodega de la casa de Lu: lugar de comidas, fiestas, ensayos nocturnos y algún debate calentito sobre la colonización; las comidas de Carmen, la madre de Lu; y el LAVA donde hemos estrenado varios de los espectáculos.

De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez fue la primera obra de una directora que nadie conocía, donde combinaba los versos Lope de Vega con spoken word, los feminicidios en Juárez, un mariachi femenino, rap, tequila y un elenco cargado de colores y acentos con identidades fluidas de 7 países distintos. Y como todo en el Cross, que siempre implica riesgo, ciencia ficción y sueños imposibles, la función se estrenó con Lucía sin dormir, alimentándose a base de Red Bull; “amigos todo terreno”, como los llama ella y su familia entera “todxs a una” como en Fuente Ovejuna. Giramos por Festivales de Teatro Clásico y hasta una Mención de Honor nos llevamos en Almagro.

Luego vino Perdidos en Nunca Jamás, para mí fue el montaje que nos hizo sentir que pertenecíamos a una compañía como las de antes, pero también la que marcó el universo teatral Cross: la música en directo, la diversidad de etnias y acentos, la fantasía, el documental, la participación activa del público y mucha fiesta. Lo siguiente fue el salto al CDN con Nora, 1959. Y de esto siempre recordaré que mi primera vez en el Centro Dramático Nacional, fue interpretando a un Krogstad de Ibsen, con acento mexicano y sin justificación ninguna en el texto. Hay mucha gente que no tiene ni idea de lo revolucionario que sigue siendo esto.

Y por fin llegó Fiesta, Fiesta, Fiesta, puedo decir con toda seguridad que además de ser la función que más he representado, también es la que más me ha representando a mí. Y todo lo que me ha enseñado como actor y como persona migrante, tanto en el escenario como en la carretera, porque el equipo era para hacer una obra de cada unx. El Cross también es escuela. Durante 3 años de gira y tres temporadas en Madrid, hicimos un encuentro con el público después de cada una de las funciones, donde hablábamos de educación, diversidad, migración y teatro documental. Para mí, Fiesta ha sido algo más que teatro, era una reflexión constante y un diálogo con el espectador siempre nuevo y siempre diverso. Creo que las cartas de amor más bonitas que me han escrito, han sido los mensajes que lxs adolescentes nos enviaban por Instagram después de ver la función. Entiendo muy bien cuando Lu dice que ya solo quiere hacer teatro documental verbatim porque el Cross es, sobre todo, las personas.

Entre medias ha habido muchas aventuras, un intercambio a Filipinas, París, La Fábrica de Harinas, Luzzini y su clan conspirando en sitios secretos de Madrid, idas y venidas de gente maravillosa: Laura (Santos), Rennier (Piñero), Toño (Camacho), Andrés (Gil), Álvaro (García-Vilches), muchxs. Y toda que lo sujeta por detrás: Carmen (Miranda) que nos administra, Irene (Blanco)que nos conecta, Helena(Ordoñez) que parece una madre, Javi (Burgos)que nos inmortaliza, Paz que nos transforma, Susana (Rubio) que nos distribuye, Braulio (Blanca) y David (Arrabal) que nos iluminan… El Cross también es familia.

Una vez me preguntaron en una entrevista en la radio, con qué compañía soñaba con trabajar aquí, y respondí que ya trabajaba en ella.

Efraín Rodríguez
En el Cross Border actor

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